Estimadas damas (a los caballeros nos los incluyo por razones obvias), bien es sabido que, después de traer al mundo a un bebé, nuestras partes bajas quedan bastante doloridas, debilitadas y muy faltas de tono. Lo mismo viene ocurriendo con el cerebro: si éste se ve sometido a una gran tensión o a una situación traumática y/o dolorosa, se puede afirmar y, por ello, afirmo, que acaba volviéndose bastante fláccido. Pues bien, como consecuencia del alumbramiento de mi Áfrika, sospecho que mis sesos se han visto un tanto resentidos y no han podido evitar la huída de una ventosidad. Ya hacía tiempo que no me ocurría; ustedes lo saben bien, pero lamento tener que confesar que he vuelto a dejar salir otro bufo mental:

Dentro del extensísimo mundo de las profesiones existe la de "catador". Está el catador de vinos, catador de olores, incluso, catador de cafés... en fin, innumerables catadores de innumerables cosas. Y fue en este punto cuando mi cerebro lanzó su tremendo pedo: ¿habrá catadores de retretes? vista la cantidad de modelos distintos de retretes que se ven en el mercado, con formas, a veces, un tanto imposibles, me pregunto si habrá catadores de este producto. Y... de ser así, cómo hacen para aprobar o no un modelo en concreto? ¿será uno de esos gremios que trabaja en casa? ¿Un catador de retretes tendrá que reunir un requisito fundamental como es el hecho de no padecer de estreñimiento? Lo sé... este bufo mental huele a muerto...