El pasado fin de semana, mi marido y yo fuimos a Bueu, un pueblo de Vigo. Íbamos por trabajo, a cerrar un negocio importante. Para mí era la primera vez que visitaba Galicia y la impresión que me traje no pudo ser mejor.
Llegamos por la tarde, a eso de 19.00 horas. Manolo no tardó en llegar a recogernos al aeropuerto. Fuimos directos al frigorífico en Marín, puesto que allí nos esperaban los clientes. De entrada, se cerró el trato. Había merecido la pena el viaje.
Una vez hubo finalizado la visita a las instalaciones frigoríficas y la inspección de la mercancía, salimos directos a Bueu. Nuestra visita coincidió con
El caso es que, antes de llegar al lugar donde se celebraba la fiesta, hicimos una parada en una carpintería. Nos recibió un señor de edad, el típico gallego, que hablaba en gallego y con el que había que hacer un gran esfuerzo para comprender lo que nos decía. Nos tendió la mano y nos invitó a seguirle por una angosta escalera que daba a una especie de sótano que resulto ser una bodega, su bodega, donde preparaba vino, su vino. Con la naturalidad que dan los años y la vida sana, nos puso en las manos un vaso de cristal, toscamente enjuagado con agua, y descorchó una botella de vino tinto de la cosecha pasada. Estaba buenísimo, exquisito… Acto seguido y sin consultar a nadie, apareció con unas tazas blancas y otra botella de vino tinto, esta vez de la cosecha actual. Nos aseguró que aquel “caldo” había que tomarlo en taza blanca para poder apreciar todas sus cualidades… y cuánta razón tenía aquel hombre. Jamás en la vida había probado algo tan extraordinario, tan espeso, tan rojo, tan… yo qué sé… no entiendo un carajo de vinos, pero aquello que me dieron a probar en una taza igual que la que uso para tomarme la leche del desayuno, era caprice des dieux, manjar de dioses, puro néctar, bocato di cardinale… Con gran dificultad pude comprender parte de sus explicaciones relativas a cómo preparaba su vino y en qué consistía su trabajo de carpintero… Aquel buen señor, con su madera, su vino, sus viejos barribles (más viejos que yo), sus botellas, sus vasos y sus tazas blancas, me hizo sentir como en casa.
A eso de las 21.30 horas llegamos a
Comí pulpo, y más pulpo… en todas sus variedades. Nunca imaginé que ese animal tan feo diera tanto juego en la cocina. Nuestros clientes, miraban el plato con cierto recelo pues, no forma parte de su gastronomía este producto… con cierto recelo, y por no quedar mal, hicieron un tímido acercamiento con el pulpo con fabas y… ¡eureka! Casi hubo que separarlos de los platos a cañonazos. Cayeron rendidos ante todos y cada uno de los ocho tentáculos de este gran desconocido para ellos.
La noche transcurrió agradable, amena, divertida, suculenta, entre platos de pulpo y vasos de vino blanco. A eso de la 01.00 de la madrugada, caímos redondos en la cama. Manolo y Mercedes, haciendo uso de esa extraordinaria generosidad que les caracteriza, pusieron a nuestra entera disposición la vivienda que tienen encima de su casa. No faltaba ni el más mínimo detalle.
Al día siguiente volvimos al frigorífico para seguir ultimando los detalles con los clientes y acabar de cerrar el trato. Todo salió mucho mejor que lo que esperábamos y quedamos muy esperanzados de poder mantener una buena y duradera relación comercial.
Sobre las 12.30 horas, regresamos a
A eso de las 15.15 horas, nos despedimos de todos ellos cargados con una caja de pulpo congelado y vino blanco, en dirección al aeropuerto…
No pude evitar maravillarme, incluso, emocionarme con esta gente, y su generosidad, y su amabilidad, y su hospitalidad, y su nobleza, y su sinceridad y su cariño… porque nos trataron con cariño, como unos miembros más de la familia… Allí me sentí bien, a gusto, arropada, querida, respetada… aparte de la belleza de sus paisajes, este lugar cuenta con la belleza de sus habitantes y eso, no tiene precio, no se paga ni con todo el oro del mundo… Bueu y sus habitantes han dejado una huella imborrable en mi corazón y siempre les miraré con cariño por haberme recibido, aun sin conocerme, con los brazos abiertos. Sólo puedo decir una cosa más: muchísimas gracias.

Me alegro de que hayas disfrutado tanto.
Qué rico el pulpo en todas sus variantes. Tres hurras por el pulpo!
Hip hip Hurra! x 3
ufffff y tanto.... aunque regresé de pulpo hasta las orejas.... menudo atracón que me di... es más, me está saliendo algo en un pezón... me parece que es una ventosa, jojojojo
Un amigo mio suele decir: "El primer día, Dios creo a la mujer. El segundo, al pulpo". Galicia, qué gran terra, espero volver el año que viene, este no he podido. Incluso me planteo mirar por allí alguna casita.
La verdad es que yo también pensé que aquel lugar sería muy adecuado para vivir...