Es un hecho. Se me ha podrido el cerebro. Yo ya lo venía avisando desde hacía tiempo, así que esto no puede haber cogido por sorpresa a ninguno de ustedes. El caso es que, como consecuencia de semejante putrefacción mental, la acumulación de gases nauseabundos está creando una presión en mi sesera que ya supera lo insoportable. Por consiguiente, no hallo otra solución que la de aliviar tales gases, dejando escapar un bufo mental, con el permiso de los presentes:

Eso sí, antes de proceder a la liberación, les sugiero que hagan buen uso de las máscaras de carbón activado.

“¿Quién le comprará las cajas de condones a personajes tan célebres y archiconocidos como, por ejemplo, nuestro ZP, o el Príncipe Felipe, o D. Mariano Rajoy?”

[...]

Damas y caballeros, lamento tener que comunicarles que tengo la necesidad perentoria de darle la libertad a otro más:

“Supongamos que tenemos un amigo sordomudo y nos apetece hacerle una visita sorpresa en su casa, para alegrarle el día, porque vas con una buena botella de vino y unos pastelitos. Y he aquí mi gran duda: ¿cómo hay que hacer para avisarle de que estás en la puerta, esperado a que te abra? ¿tiene el timbre alguna utilidad en este caso, o aporrear la puerta con los nudillos, o llamarle al teléfono?”

Lo sé… lo sé… hoy no hay quien pare por mi blog.