Mis previsiones fueron acertadas. Ha sido una semana de trabajos forzados. Poquísimas horas de sueño, muchas escaleras,muchas puertas, muchas subidas empinadas, muchos atajos... muchos panes que distribuir. Mucho pescado que vender, un barco que gestionar, un calor sofocante que combatir ymi omnipresenteasma dándome por ahí todo el tiempo.

Lo importante de todo esto es que mis padres vinieron entusiasmados de su viaje. La Isla de Madeira les pareció una maravillia, un lugar de ensueño donde no hay ni un sólo rincón feo. Se lo pasaron muy bien, comieron estupendamente y descansaron mucho.

Resultado: Ha merecido la pena el esfuerzo.