Fue duro tomar la decisión. Me llevó mucho tiempo dar el paso. En nombre del miedo y de la indecisión fueron muchos los errores cometidos; errores que jamás se podrán borrar de mi recuerdo y cuya huella permanecerá en mi corazón, marcada a golpe de latigazos, hasta el final de mis días. La cobardía y el miedo sólo conducen a la desgracia y a la infelicidad, lo sé; lo viví.

Sin embargo, el día llegó. Se presentó ese momento en el que tuve el valor suficiente para mirarte a la cara, sin miedo, para decirte la verdad, para decirte lo que siento, para contarte mis sufrimiento, mis penas, mis problemas… y mis alegrías; alegrías que nos compartes pero que debes aceptar y respetar.

Por fin, después de incontables lágrimas y crasos errores, llegó el día de abrir puertas, de airear estancias y de romper cadenas. Llegó el momento de ser LIBRE.