La Coctelera

MAFALDA Y YO

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29 Junio 2007

EL FEO Y TENEBROSO ROSTRO DE LA MUERTE

Ayer le vi la cara a la muerte, otra vez.

A las 15.40 horas, en el Hospital Doctor Negrín de Gran Canaria, mi tío abandonó este mundo después de un largo sufrimiento y como consecuencia de un infarto cerebral y una cirrosis sin precedentes. El hermano mayor de mi madre. En total, cinco: una hermana y cuatro hermanos, tres de ellos alcohólicos patológicos; y éste era uno de ellos. Hasta el mismo momento en que entró en coma, tuvo como única y fiel compañera una botella de vino, ron, ginebra… una botella, siempre una botella…

Muchas fueron las visitas al hospital; muchas las intervenciones; muchos los sustos; varios los diagnósticos de los médicos diciendo que no había nada más que hacer; pero esta vez, ella vino y esperó hasta llevárselo.

A mi llegada, ya le habían desconectado los aparatos y el sacerdote del hospital se encontraba en la habitación, proporcionándole los Santos Óleos. Una situación, extraña, surrealista, casi. A veces, nos vemos envueltos en situaciones raras, morbosas, diría yo, de las que no podemos zafarnos porque sabemos que la persona que más queremos está sufriendo muchísimo y no la podemos dejar sola. Te tienes que quedar. Aquellos momentos, para mí, fueron sumamente angustiosos: un hombre agonizante, a punto de expirar, rodeado por esposa, hijos, hermanos, sobrinos, enfermeras, médicos… todos esperando ¿el qué?; aquella situación, para mí, rebosaba morbo, mal gusto. ¿Qué estábamos haciendo allí? ¿A qué estábamos esperando? ¿Era correcto lo que estábamos haciendo? ¿Debíamos estar allí? ¿El trance de la muerte no es algo íntimo, privado, personal?

Ya le he visto la cara a la muerte otra veces; más de las que me gustaría contar. Pero siempre había llegado “tarde”, cuando ella ya había cumplido con su labor. En esta ocasión, no obstante, yo llegué antes que ella y eso lo hizo todavía más difícil, más amargo… más incómodo, más aterrador.

Una vez llegada la hora, los médicos y enfermeros certificaron la muerte, siguiendo los pasos reglamentarios en estos casos. Y, después de esto, siempre hay un espacio de tiempo que transcurre entre el fallecimiento y la llegada de los servicios fúnebres, quienes se encargan de todos los preparativos. Ése es el tiempo que te queda para despedirte, mirar y no dar crédito, llorar y venirte abajo. Y eso fue lo que hizo mi madre, junto con todos los demás. Y, una vez más, me tocó comprobar cuán feo y tenebroso es el color y el rostro de la muerte. Y es en estos momentos cuando te planteas tantas cosas… cuando te pones en el lugar de los otros… cuando sientes el peso de la vida y las agujas del destino clavándosete en la garganta para no dejarte tragar saliva. Es en estos momentos cuando miras al futuro con los ojos inundados de miedo, no por ti, sino por aquellos que más quieres y que Ella, un día, se querrá llevar, al igual que hizo con los que ya no están.

Ayer fueron muchos los recuerdos que me vinieron a la mente. Recuerdos de aquellos que se me fueron y que ya no van a volver nunca más. Hoy, tras el entierro y sellado de la tumba, volveremos a pensar “ahora sí que se acabó”.

Tags: confesiones

servido por mafalda-y-yo 9 comentarios compártelo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

chipitadechiapas

chipitadechiapas dijo

Ainssss... qué terrible todo lo que envuelve a la muerte. Tienes razón en que deberían ser momentos íntimos, pero ya ves, nunca suelen serlo. Algunos afectados lo llevan mejor si su familia está alrededor. No sé, estas cuestiones tan negras a mí me dan un poco de grima.

Sabes, Mafy? Yo no pienso morirme en toda mi vida!!! Y tú haz el favor de pensar en otra cosa, vale?

29 Junio 2007 | 12:51 PM

mafalda-y-yo

mafalda-y-yo dijo

Yo había pensado en vivir unos 150 años más. Creo que es suficiente, aunque siempre con derecho a pórroga... claro.

29 Junio 2007 | 01:25 PM

quisieraver

quisieraver dijo

Creo que uno nunca sabe como comportarse en estos momentos. Hacemos lo que sale, lo que es correcto, lo que sentimos. Cada uno decide como vivirlo. O al menos hablo desde la falta de conocimiento de estas situaciones. No sé que haria el dia que me toque vivirlo con un ser amado.

29 Junio 2007 | 08:00 PM

Raúl/Tw

Raúl/Tw dijo

No te creas del todo eso... lo del recuerdo digo.
Aunque estaria bueno vivir todo lo que dure la muerte no?, lo que pasa es que esta (......) es una santa descara ... fijate que nos acompaña hasta el cajón y un poco más!!! saludos

29 Junio 2007 | 09:35 PM

mafalda-y-yo

mafalda-y-yo dijo

Quisieraver: Son momentos duros, ciertamente. Yo soy más partidaria de la privacidad de paar ese último trayecto rodeado de los más cercanos. Sinceramente, no me gustó ver tanta gente allí, aunque todos éramos de la familia pero consideros que, aparte de los hijos y la esposa, nadie más debía estar presente. Pero es cierto que todo depende de las circunstancias...

Raúl: la verdad es que la cara y el color de la muerte son tan feos... mi marido siempre dice que hay que aprovechar la vida a todo porque estaremos mucho más tiempo muertos que vivos... y cuánta razón tiene...

2 Julio 2007 | 11:44 AM

silvina

silvina dijo

Hola Mafalda

pienso que la única para quitarle el miedo es pensar a la muerta como fin de todo sufrimiento que una vida enferma conlleva

Me ha impactado mucho tu post

un cordial saludo

s

4 Julio 2007 | 01:18 AM

Alejandra

Alejandra dijo

No se por que ven la muerte como algo escabroso. Pienso que estar en los ultimos momentos de alguien entregandole amor, compañia, entrega, es algo magico, asi como tambien recibir a un recien nacido.
La muerte,................... siento.....que no es otra cosa que estar en otro lado, con menos peso, disfrutando de verdad, siendo feliz de verdad, aunque aca podemos ensaya lo que es la felicidad, esa plenitud, armonia es dificil de mantenerla sin perderla en algunos instantes.

30 Julio 2007 | 05:15 PM

mafalda-y-yo

mafalda-y-yo dijo

No cabe duda de que la muerte es una circunstancia más de la vida. Eso es innegable. Sin embargo, no es lo mismo dar una bienvenida que decir adiós para siempre.

Comparar la muerte con un nacimiento en cuanto a lo hermoso y lo mágico de tales momentos, me parece un tanto exagerado. Ambas son circunstancias totalmente naturales y necesarias pero, desde mi punto de vista, no tienen nada que ver en cuanto a los sentimientos que transmiten cada una de ellas.

El que se va, descansa para siempre. Pero, el que se queda aquí, lo hace con un gran vacío y mucho dolor. No es fácil decir adiós y aceptar que se trata de un adiós para siempre cuando amamos a esa persona que se nos va...

30 Julio 2007 | 06:02 PM

Pal

Pal dijo

Si, son los dos inevitables, pero creo que están tan unidos que es imposible no pensar en la muerte cuando alguien nace, que es imposible no pensar en el nacer cuando alguien muere.
Son los dos momentos en que no tenemos nada que decir, no está en nuestras manos.
Si los demás quieren ypueden, acompañan.

27 Noviembre 2008 | 11:02 AM

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Una chica normal y corriente de Las Palmas que, en marzo, se le ocurrió la idea de romper moldes, con todo lo que ello conlleva...

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