Definitivamente: tengo un compañero de trabajo cabrón y un jefe tonto.

Cuando entré a trabajar en esta empresa, realmente no sabía la clase de pescado, nunca mejor dicho, con la que tendría que lidiar cada día. A primera vista, parecía un encanto, un ser adorable. No tardaría mucho en darme cuenta de lo cabrón traicionero que era. Se la mete doblada a todo aquel que se despista un poco. Todavía, a estas alturas de mi vida, no había conocido a una persona tan extremadamente mentirosa. Miente más que habla. Asombroso; sencillamente, asombroso. El problema es que se ha dado cuenta de que ya le conozco, de que ya sé quién es realmente y de cuáles son sus intenciones; en consecuencia, ya ha puesto en marcha sus artes y me está arrinconando. Me margina, me aparta, me echa a un lado, trata de neutralizarme porque le estorbo, le molesto. Algo grande debe de estar planeando porque cada vez se muestra con más descaro en sus intentos de dejarme fuera de juego. En un principio traté de luchar y de echarle un pulso. Pero me cansé. Una lástima, porque me gustaba mucho este trabajo. Tal vez vaya siendo hora de ir mirando hacia otros horizontes…