Donde uno menos se lo espera, hay un ladrón acechando tus movimientos para cogerte en un descuido. Ésa es la conclusión a la que llego en el día de hoy;y con absoluta convicción, además. En el tiempo que tardé en tomarme un café con mi compañera de oficina, alguien abrió mi despacho, entró y se llevó el teléfono móvil del trabajo. Así, sin más. ¡Ah! y tuvo la cortesía de cerrar al salir, eso sí...