Hoy, como casi todos los días, he visitado el blog de un amigo. Aunque se empecina en no querer reconocer su talento para la fotografía, resulta innegable que posee grandes cualidades para ello.
Una de sus últimas fotos, de una alambrada de espino por encima de un muro, me transportó directamente a la Segunda Guerra Mundial y sus campos de concentración nazis. Tan pronto como vi aquella imangen, un escalofrío me recorrió por toda la espalda hacia arriba. La sensación fue, francamente, desagradable. Quiero insistir, no obstante, que la foto, en sí misma, está bastante bien hecha, sin embargo, me produjo una sensación muy intensa de malestar.
¿Por qué ese malestar? Tengo que confesar que, para mí, la Segunda GuerraMundial es un tema que me ha dejado profundamente marcada. El motivo no es otro que el hecho de haber metido mi nariz en un libro a una edad muy temprana.
Soy hija única y lo más parecido que tuvea una hermana fue mi prima Nayra. Siempre estábamos juntas, a todas horas, todos los días. Nos llevábamos tan sólo dos años de diferencia y vivíamos muy cerca; además, ella también es única, como yo. El caso es que sus padres tenían una colección de libros sobre diversas épocas de la historia. Aquellos libros se encontraban en el mueble del salón. Cada uno de ellos tenía un color diferente. Sin embargo, el de color gris claro fue el que más me llamó la atención: La Segunda Guerra Mundial.
Se trataba de una obra que intentaba dar la más fiel imagen posible de aquel periodo de la historia. Muchas ilustraciones, muchísimas. Relataba, con todo lujo de detalles, las atrocidades más inimaginables, no escatimando en fotografías reales del momento.
Por aquel entonces, yo tan sólo contaba unos 12 años, sin embargo, todavía hoy no comprendo qué despertó mi curiosidad por aquel libro. En cualquier caso, tal era mi interés por destripar aquella obraque, incluso, se la pedí prestada a mi tía y me la llevé a casa. Mis pupilas recorrieron, página a página, cada una de aquellas imágines, incluyendo cada uno de sus comentarios. Pude observar todo tipo de barbaridades como decapitaciones, fabricación de jabón a partir de la grasa de cuerpos, reducción de cabezas, torturas diversas, campos de concentración, fusilamentos,fosas comunes, esqueletos andantes... de todo, absolutamente de todo.
Al principio, pienso que no me daba cuenta realmente de lo que estaba observando, sin embargo, con el transcurso de los días y mi profundización en aquel libro, empecé a experimentar una sensación que, ni siquiera hoy, soy capaz de describir. Era una mezcla entre miedo, asombro, pavor, asco... todo aquel embrollo de sentimientos (que todavía hoy experimento al recordar) me llevó a tenerle pánico a aquel libro. Jamás olvidaré mi incapacidad para cogerlo en mis manos y devolvérselo a mi tía. Permaneció en mi casa muy tiempo hasta que un día, ya no soportaba verlo más y se lo llevé. Regresó a su lugar en el mueble del salón, en la entrada de aquella casa. No había más que abrir la puerta principial y allí estaba, con su lomo gris claro y sus letras blancas. Pasó bastante tiempo hasta que regresé a casa de mi prima.
Me arrepiento todos los días de haber hojeado aquel libro. No debí hacerlo. No estaba preparada para ello. Y tengo la impresión de que jamás podré eliminar de mi mente las secuenlas que me dejó.

La verdad es que hay cosas que nos marcan desde pequeños.
Si aún hoy tienes secuelas de aquello, te puedo dejar mi máquina del tiempo durante unos días para que retrocedas a ese momento. Te aconsejo que en esta ocasión cojas un cómic de mortadelo y filemón.
Un besito!!
Como descendientes no muy indirectos de una generación que sufrió todo lo que comentas en sus propias carnes hemos recibido, tal vez, más información sobre los sucesos de La Segunda Guerra Mundial de lo que hubiésemos querido. Pero no fue más atroz que otras guerras. Esta lo fue a escala mundial.
En cualquier caso, aunque suene egoísta, hay una estrategia que a mí me ha funcionado: no fui yo el que hice esas barbaridades.
Un beso y lamento que la foto en cuestión te haya hecho sentir tan mal.
Oye, eso de poder viajar en el tiempo está genial... ¿Y tú tienes una máquina para eso? Pues voy a tener que pedírtela prestada un par de días para, primero, elegir otro libro en aquel momento de mi vida y, segundo, darme un garbeo por ahí y conocer a un par de personajes históricos importantes...